Se da un fenómeno curioso cuando algo se pone de moda, y es que salen “expertos” en el tema de debajo de las piedras.
Por poner un ejemplo, de tres o cuatro años a esta parte, los entendidos en formula uno (aunque también me valdrían temas tan variados como la inmigración, el terrorismo, u otros deportes como el baloncesto o el tenis) han aparecido de debajo de las piedras. Un deporte que era un auténtico páramo en cuanto a afición se refiere, de la noche a la mañana se ha convertido en santo santorum para una legión de seguidores del deporte en cuestión, o mejor dicho, de la estrella de turno.
Expertos que tienen como maestros a otros pseudo-expertos como el calvo de la telecinco, que no es más que otro forofo del ídolo de turno (y éste encima tiene más delito, que es quien tiene que informar del tema, y no hace otra cosa que dar sus opiniones, nada objetivas, por cierto), y que creen sentar cátedra con cada palabra que sale de su boca, aunque apenas sepan de lo que hablan. Y claro, luego pasa lo que pasa: se busca el titular llamativo, se crean polémicas y rivalidades donde no las hay, o donde no pasan de ser banales, y se termina con que se te llenan los circuitos de cafres, como se ha podido ver en los últimos entrenamientos en Montmeló.
Por otro lado, me pregunto: ¿cuántos de estos expertos quedarán cuando lleguen las vacas flacas? Me imagino que pocos, porque, reconozcámolo, y aunque me cueste, ya que me considero aficionado de los buenos: la fórmula uno, tal y como está ahora, es un coñazo del que solo se salvan las 2 primeras vueltas (de una carrera de 60 o 70).
Así que cuando salga el nuevo as del deporte de turno, el rebaño volverá la espalda a sus antiguos ídolos, y si no, al tiempo.
