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jueves, 20 de diciembre de 2007

Los verdaderos ganadores de la lotería...

... somos al final todos. Aunque unos más que otros. Los que más, en este orden:

  • El tipo que tiene la administración de lotería en Sort, que vende millones de euros en lotería con la tontería del nombre del pueblo (y es que como no va a vender algún número premiado, si venderá de absolutamente todos los números que hay. Lo difícil es que no les toque). A ver si la suerte le acompaña igual el día que haga su viaje espacial...
  • Los que les toca algún dinero, aunque no se vayan a poder retirar con el premio, y lo gasten en el cava que se tiran para que te vean en la tele.
  • El Estado, que para algo se queda con la mitad de todo lo que se ingresa por lotería, ya que solo se reparte la otra mitad en premios. (y aquí es donde entra el "todos" en cuanto a ganadores...)

Y los que menos:
  • Los que se dejan cientos de euros en lotería, aparte de los viajes, porque creen que en un sitio donde ha habido una catástrofe natural (hay que ser cafre), o hay algún tipo de superstición, como lo de Sort, va a tocar la lotería.
  • El común de los mortales, que se ve obligado por el entorno (¿no vas a comprar lotería? Mira que se te va a quedar una cara de tonto si toca...) a comprar aunque no quiera.
  • El que tiene lotería que vender por cualquier razón, y endiña lotería a cambio de más lotería, y que al final no saca nada a cambio.
  • Los niños de San Ildefonso, que ven pasar los dineros, pero no catan ni un reintegro.
  • Los reporteros del telediario, que van a pasar frío y remojarse en cava ajeno para dar siempre la misma noticia.
Yo ya lo tengo decidido: más vale euro en mano, que cientos de décimos volando...

lunes, 3 de diciembre de 2007

La ley del péndulo

A veces me resulta chocante como el haber sufrido una dictadura sigue influyendo en la gente, seguramente de forma inconsciente, aunque hayan pasado ya más de 30 años desde su caída.

Quizás sea por eso que la gente mayor, que en su juventud las pasó putas, se lanza como aves de rapiña cada vez que escuchan “gratis” después de lo que sea. Eso lo entiendo. Lo que me cuesta más entender es como esa misma palabra ejerce ese mismo influjo sobre el resto de nosotros, y es que somos los números uno en piratería de toda Europa Occidental; y antes nos tiraremos de un puente, que renunciar a ver algo por la cara.

También lo digo porque después de pasar tantos años sufriendo a aquel personajillo ferrolano y la tan conocida censura, ahora es imposible intentar regular de alguna manera cualquier ámbito de la vida, aunque sea necesario hacerlo, como puede ser el caso de la televisión, en la que la llamada “autoregulación” no ha servido de nada, y la telebasura sigue campando a sus anchas día sí y día también.

Y si no que le pregunten a Svetlana.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Tradiciones

Si digo que este bendito país en el que vivimos es un país de tele y pandereta, creo que no cojo a nadie por sorpresa. Pero hay una cosa que no termino de comprender, y no es otro que el tema de las “tradiciones”. Ojo, no digo que no haya tradiciones completamente respetables, que las hay y muchas, pero bajo esta palabra también se cometen muchas barbaridades, y también un buen puñado de tonterías.

Vamos primero con las barbaridades, porque a ver, ¿se puede justificar bajo el termino “tradición” la ya extinta costumbre de tirar una cabra desde un campanario? ¿O la pica del toro de Tordesillas? Porque a ver, que si es algo que se ha hecho desde hace muchos años y tal, y por eso ya está bien todo, también se podría entender que en Francia, si le hubieran cogido el gusto a eso de guillotinar reyes, lo hubieran instaurado como tradición. O los alemanes que organicen guerras mundiales. Anda, quién es el guapo que le dice a Hitler que no invada Polonia, si fuera “tradición”.


En segundo lugar, están las tradiciones chorras. Que si unos amigos se juntan en el pueblo para tirarse merengues, y lo hacen dos años seguidos, ¿eso ya es una tradición? También se podían haber juntado para tirarse piedras, y así solo se hace el idiota una vez.

Pero bueno, como aquí vale todo con tal de salir de juerga, pues ale, tradiciones, para que os quiero.