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lunes, 3 de noviembre de 2008

Aburrimiento

El aburrimiento es una fuerza poderosa. No se si la frase la ha “patentado” alguien antes, pero si no es así, me la pido para mí. Y es que por aburrimiento se hacen cosas que no haríamos de ninguna otra manera. Igual que si te coge en casa, te llegas a poner a ordenar por fecha de publicación los CDs que están muertos de asco en una estantería, por poner un ejemplo, que si te pilla en el trabajo, te dedicas a mirar el blog de un amigo que hace mucho que no ojeabas (como pueda ser tu caso, querido lector).

Este aburrimiento también te puede llevar a perder el trabajo, pero no precisamente por no dar ni chapa, si no por sufrir de un aburrimiento “creativo”. Os pongo en situación: trabajáis en una revista de motor, y os encasquetan hacer un suplemento a final de año en el que tendréis que resumir todo lo que ha pasado en el mundo del automóvil, escribiendo cien reseñas sobre las pruebas realizadas por la revista. ¡Cien! Solo de imaginármelo ya se me cae el alma a los pies.

Ahora bien, tienes dos opciones. O te aburres sin más, y terminas el trabajo más pronto que tarde, o le das tu toque “personal”. Teniendo en cuenta que cada una de las reseñas comienzan con una letra enorme resaltada en un tono rojo muy llamativo, ¿por qué no hacer un acróstico que resuma nuestro tedio (y el odio a quien nos empaquetó el encargo) a lo largo de las páginas del especial?

Esto es lo que, allá por 1992 le costaría a James May (aka Captain Slow) su trabajo en la revista autocar, y quien sabe, quizás ese despido le abrió las puertas de Top Gear unos pocos años más tarde. El caso es que, ni corto ni perezoso, hizo exactamente esto que acabo de comentar, como podéis ver en la imagen.


So you think it's really good, yeah? You should try making the bloody thing up. It's a real pain in the arse.

¿Así que te parece realmente bueno, eh? Deberías intentar hacerlo tú. Es una putada. Algo así es lo que, con un poco de “perspectiva”, se podía leer juntando las letras.

Y ahora que pienso, ¿cuántas de éstas, o parecidas, nos habrán colado a lo largo de los años sin que se sepa?

miércoles, 29 de octubre de 2008

¿De qué color es tu coche?

Recuerdo que hace ya un tiempo, había un monólogo bastante popular que mantenía la teoría de que los hombres solo vemos en 16 colores, y que tonos como el melocotón o salmón, perfectamente identificables para el sexo femenino, no son más que comida para un tío. Supongo que no es una teoría perfecta, ya que, o los encargados de marketing de las empresas automovilísticas son en exclusiva mujeres, o se confía en que quien elige el color del coche sea quien lleva casi siempre los pantalones en casa. Osease, ella. Pero ya digo, hay aquí algo que falla. Porque el día se vaya a comprar un coche un tío solo, ¿qué hace?

Imagina que te quieres comprar, pongamos un ejemplo, un monísimo Fiat 500 como el de la derecha. Elige un color de los siguientes: blanco bossa nova, azul mod, negro crossover, verde yeyé, naranja calypso, azul cha cha chá, rojo pasodoble, amarillo tropicalia, gris punk, y blanco funk. A ver, que me explique a mi alguien en que se diferencia el blanco Bossa Nova del Funk, y que no sea el “ritmo”. O que tiene de yeyé el verde. La verdad es que sin verlos, creo que ni siquiera me aproximaría a saber el color del coche...

Y lo mismo si te pones con el Opel Corsa: blanco casablanca, gris metro, lancelot (tal cual, sin color delante, que parece que te hayan pintado el coche los Monty Python), azul aire (pero si es transparente!!!) o rojo magma (este hay que decirlo con el meñique junto a la boca, poniendo voz rara, ¿verdad, miniyo?). O con el Renault Clio: negro nocturno, rojo duna, gris casiopea, azul gris (¿es azul, o es gris?) o azul mónaco (¿el principado?).

Y podría seguir. ¿Por qué tiene que ser todo tan esotérico? No pueden llamarlos por su nombre: azul casi negro, gris metalizado, blanco... O con números, todos igual, como la paleta de colores de HTML. No creo que sea tan difícil. ¿Es que acaso no puedo tener un coche blanco, o negro, si me apetece? ¿Cómo se supone que tengo que explicar que el color de mi coche es rojo pasodoble? ¿Tarareando? ¿O mejor bailando?

En fin, al final algo bueno tenía que tener: con tanto nombre musical y de bailoteo, me he acordado de Ortega Cano, y aún me he podido echar unas risas...


miércoles, 22 de octubre de 2008

Fans

Fans, ese gran desconocido. Nunca he entendido muy bien que puede llevar a una persona perfectamente cabal (o eso quiero creer) a estar para ingresar en un psiquiátrico ipso facto en apenas unos segundos ante la visión, o la simple posibilidad de visión, de una determinado personaje, o grupo musical. Supongo que es algo que escapa al pensamiento racional, y por eso no llego a entenderlo.

El caso es que puede que sea una etapa de la vida que todo el mundo pasa, sobre todo entre el género femenino, pero que una vez visto en perspectiva, mucha gente desearía no haber caído en la histeria más descabellada por el simple hecho de ver al grupo prefabricado de moda. También mucha de esa gente puede deshacerse de ese “pasado oscuro” sin mucho problema, simplemente con descolgar los posters de la pared de su habitación, y junto con las camisetas del grupo en cuestión, hacer una pira purificadora que borre sus pecados de juventud. Pero hay gente que no puede.


Dos ejemplos de esto último. En el primero, bajo el tamiz de Alguna pregunta mes, y presentado por Iker Jiménez, veremos el arquetipo clásico de fan histérica. Como digo, lo malo no es ser una fan histérica, si no que te lo recuerden cada dos por tres en la tele, y encima en plan de cachondeo...




El segundo ejemplo es también de libro. En una actuación de Santa Justa Klan (sí, sí, los chavalines de los Serrano, cuando aún no se afeitaban), Teté -no sé como se llama en realidad, ni ganas de saberlo- consigue, sin querer, activar el circuito de insultos de una fan histérica. Atentos a que, si la chiquilla deja de tocar al maromo de turno, ese mismo circuito se “desactiva” de manera automática, y vuelve a cantar al son de la música. Vivir para ver... y oír


jueves, 18 de septiembre de 2008

Pensamientos aleatorios (VI)

¿Porque cuando salimos al extranjero sentimos que si no vamos a los museos, no estamos aprovechando el viaje, y en cambio en casa nunca vamos a ver nada a uno?

Según un estudio europeo, un 72 por cierto de los aficionados españoles prefieren el fútbol al sexo. De este modo se confirma que 7 de cada 10 españoles son gilipollas.

Paradoja del tunning
Todos los tuneros tienen algo en común: quieren que su coche sea diferente.

Corolario a la paradoja del tunning
Si tu única meta es que tu coche sea diferente, quiere decir que tienes una personalidad del montón.

¿Dónde se meten todos los bolis Bic? Deben de hacer millones de ellos al día, han pasado decenas por mis manos, pero solo he usado hasta el final uno o dos...

Desde el punto de vista de un perro, ¿quién es el dueño? Porque tener a alguien detrás que va recogiendo la mierda que sale de tu culo no es lo que se entiende por un dueño en el mundo humano...

¿Por qué las mujeres no se prueban la ropa, si no que se esconden detrás de ella para ver si les queda bien?

¿Y por qué acumulan en su cartera las fotos de DNI de todas las personas que han conocido en su vida? ¿Acaso se les va a olvidar su cara si no lo hacen?

jueves, 21 de agosto de 2008

Perlas de sabiduría

Hoy, con Jerry Seinfeld.

Mirar un escote es como estar observando al sol, no lo haces fijamente. Es muy arriesgado: miras de pasada y luego disimulas...

martes, 15 de julio de 2008

Bip-bip-bip

¡Qué gran invento el teléfono móvil! Es increíble como en apenas quince años, algo que era prácticamente un cachivache que solo tenían unos pocos, se ha generalizado hasta el punto de que haya en España más teléfonos móviles que personas. Es más, hay muchas personas que serían incapaces de vivir sin él. Lástima que haya, a su vez, mucha, muchísima gente que no sepa cuando debe utilizarlo, y cuando dejar de amargar a quienes le rodean con su intrascendente cháchara. Y eso no es lo peor. Porque ahora como los móviles son “10 en 1”, también puedes escuchar música, y lo que es más, puedes “regalar” a todo el que se encuentre a un radio de 50 metros con esa misma música, que maldita la hora en que se les ocurrió.

Como en el fondo del asunto, este no es un tema nuevo, voy a recuperar otro artículo de Arturo Pérez-Reverte sobre estos dichosos cacharros, y sobre todo, sobre sus indiscretos usuarios. Nada menos que hace ya 12 años, allá en el 96 (creo), escribía esto en su artículo semanal de “El Semanal”:


Iba el arriba firmante en el AVE, camino de Sevilla, leyendo la entrevista que El Semanal le hizo a mi ex ministro y secretario general de la OTAN favorito, don Javier Solana. Y justo al llegar a sus dramáticos recuerdos de cuando fue espantosamente tiroteado en Sarajevo, y aquella noche infernal, dantesca, que pasó sin luz ni agua en el hotel Holiday Inn en 1995 – la guerra de Yugoslavia empezó en 1991, y él se había pasado cuatro años dándoles palmaditas en la espalda a los serbios y asegurando que aquello estaba resuelto, sin que ninguno de los que éramos tiroteados cada día lo viéramos asomar por allí-, justo cuando llegué a ese heroico párrafo, digo, y estaba a puntod e tirarme al suelo de risa, sonó un teléfono móvil y se rompió el encando de la cosa.

Si hay algo que detesto es un local cerrado cuando empiezan a sonar los teléfonos móviles y el personal se pone a contar su vida sin el menor pudor. Lejos de caer en la cuenta, además, de que el único teléfono práctico de verdad es aquel cuyo número no conoce nadie. Y que a alguien verdaderamente poderoso no lo llaman nunca, porque es su secretaria la que incordia a otros desde la oficina; mientras que quienes responden en mitad de un viaje, o un almuerzo, o en mitad de la calle, sólo son desgraciados y tiñalpas cuyos jefes les tiene hipotecado hasta el tiempo libre, o rascapuertas que para ganarse el pan tienen que estar todo el día dale que te pego, o exhibicionistas más tontos que una mierda. Que es otra variedad, la del parlanchín compulsivo por el morro, que el arriba firmante se ofrecería voluntario con gusto para ejecutar masivamente al amanecer.

El caso es que aquel día de autos, o de AVES -reconozco el retruécano imbécil-, rompió el fuego telefónico un fulano empeñado en explicarse a un presunto socio que ciertos recambios de una conocida marca de automóviles estaban disponibles en Jaén, especulando sobre si llegarían o no a tiempo para que los recogiera López; apasionante tema que nos tuvo a todos los pasajeros del vagón pendientes de un hilo, hasta que otro bip-bip-bip y otra llamada desviaron nuestra atención al extremo de la fila de asientos, donde una individua con aspecto de ejecutiva segura de sí puso a cnotarle a una tal Montse algo sobre un reciente viaje a Cuba, al parecer turístico. A la altura de Puertollano la ejecutiva seguía amorrada al asunto, y López debía de haber tomado el control de la situación en Jaén, porque el de los recambios leía ahora el periódico y había sido relevado dos asientos más atrás por un italiano que era -lo juro por mi santa madre- idéntico a Torrebruno, y que interpelaba, en su lengua y con potencia de barítono, a alguien llamado Mario. La ejecutiva seguía a lo suyo, poniendo a parar, por cierto, a un tal Aguirre; que, dedujimos todos por el contexto, era o su jefe o su marido o algo así -por cierto, Aguirre, si lees estas líneas, pongo en tu conocimiento que ella te la está pegando, bien con una empresa de la competencia, bien con un tío de Málaga-. En fin.

Estaba yo atento, tendiendo la oreja a ver si podía averiguarlo a pesar de los gritos que daba el italiano, cuando mi vecino de asiento, contagiado sin duda por el ambiente, sacó otro móvil y marcó un número.

No sé si se hacen cargo de la situación. Hasta ese momento, mi vecino -un tipo de mediana edad y aspecto amable- y yo nos habíamos mirado con esa especie de solidaridad de las víctimas unidas ante lo adverso. Y de pronto, igualito que en aquellas películas de invasiones extraterrestes en que al final uno descubre que a su amigo Johnnie le han injertado un chip en un huevo y es una alienígena camuflado, comprobé con horror que también mi vecino era uno de ellos, como Donald Sutherland en La invasión de los ultracuerpos. “¿Cómo están los niños?”, dijo. Así que me levanté, dispuesto a hacer pipí, aprovechando para darme a la fuga. Al pasar junto a la ejecutiva susurré: “Recuerdos a Montse”, y me miró con mala cara, como preguntándose de qué va este gilipollas.

Volví a los tres minutos. Mi vecino de asiento, una vez recabada la información sobre el estado de los niños, marca un nuevo número. “Hola, estoy en el AVE”, dijo. Y yo me partí una uña que estaba mordiendo con desesperación. Al fondo, la ejecutiva y Montse seguían a lo suyo, y Torrebruno le contaba a Mario algo sobre los spaghetti de la Mamma.


La paciencia que hay que tener...

jueves, 29 de mayo de 2008

Perlas de sabiduría

Hoy, con George Costanza, personaje que recordaréis de la archiconocida serie de TV Seinfeld.

Lo más injusto de la vida es la forma en que acaba. Quiero decir, la vida es dura. Se lleva un montón de tu tiempo. ¿Y qué consigues al final de ella? ¡Una muerte! ¿Qué es eso? ¿Una bonificación? Creo que el ciclo de la vida está invertido. Deberíamos morir primero, deshacernos de eso. Después a vivir al asilo. Te echan cuando eres ya demasiado joven, te haces con un reloj de oro, vas a trabajar. Trabajas cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar del retiro. Bebes alcohol, sales de marcha, universidad...
Vas al instituto, te conviertes en un niño, juegas, sin responsabilidades, vuelves al vientre, te tiras tus últimos nueve meses flotando... ¡Y acabas como un orgasmo! Amén.

jueves, 15 de mayo de 2008

Artistas de rotulador grueso

Bueno, la Expo de Zaragoza está ya a la vuelta de la esquina, y las inauguraciones de puentes, pabellones y demás historias van a estar a la orden del día, aumentando conforme pasen los días hasta el 14 de junio, día en que se pone todo este tinglado en marcha. El problema está en que a la mayoría nos gustaría que se pudiera disfrutar de estas infraestructuras, ya sean pasarelas, ya sean parques, ya sean lo que sean, tal y como se estrenaron (que para algo las pagamos entre todos con nuestros impuestos, nos guste o no), y no llenas de garabatos hechos por presuntos artistillas de rotulador grueso (1 y 2). La cosa es que revisando artículos viejos de los que escribe Arturo Pérez-Reverte en “El dominical”, encontré uno del año 93, nada menos, que va que ni pintado (nunca mejor dicho), para el el fenómeno de las dichosas “firmas”.


Lo vi escrito con rotulador grueso, hace unos días, en uno de los muros de El Escorial: Manolo y Miriam estuvieron aquí el 6-8-93. Ignoro quiénes son los tales Manolo y Miriam, y por qué el hecho de que estuvieran allí y no en otro lugar merecía ser inmortalizado ensuciando estúpidamente una fachada de piedras tan venerables. Sin embargo, basta echar un vistazo alrededor para comprobar que a cantidad de personas armadas con rotulador, spray u objeto inciso-punzante, el hecho de estar en tal o cual sitio, o en un sitio cualquiera, les parece solemnidad suficiente como para que el resto de los mortales nos enteremos de su nombre o de sus opiniones.

Nada tengo contra la libertad de expresión, yo que además soy periodista. Ni tampoco contra la libertad de afirmación personal. Pero amo algunos edificios, algunas calles, algunas viejas piedras y algunos paisajes por conservarse tal como son y tal como fueron. Por eso me fastidia sobremanera, cuando voy a su encuentro, encontrarme sobre impresos, a golpe de spray o rotulador, los nombres, los pensamiento o las chorradas de individuos, a menudo anónimos, que maldito lo que me importan.

Hay un ministro francés de la Francia que propuso en fecha reciente subvencionar una exposición sobre grafitis y pintadas callejeras, desde el metro hasta los monumentos históricos, argumentando que también eso es arte y escultura. Y recuerdo haber oído en la radio glosar semejante gilipollez a un representante de cierto ayuntamiento español de la España, jaleando tímidamente la idea prudente pero dispuesto a no parecer, por si acaso, menos moderno y dinámico que el franchute. Claro, sí. Reconozco que la contracultura también es una forma de cultura, farfullaba el fulano. Y ahí quedó la cosa.

Lo peor, se dice uno cuando escucha a semejantes sopladores de vidrio, no es la barbarie de los ignorantes o estúpidos, a quienes siempre es posible educar o inspirar sentido común. Lo malo en este tipo de cosas es la demagogia de whisky de medianoche y el coro de cantamañanas que se apuntan a un bombardeo con tal de salir en la foto, por si las moscas.

La cultura, creo, es un todo común que no se parcela en patrimonio de unos o de otros, y lo que atenta físicamente contra cualquiera de sus manifestaciones no se llama cultura, sino barbarie. No hay justificación alguna para el hecho de que unas piedras, un edificio, un cuadro, un lugar, hayan sobrevivido a los siglos y a los hombre, y de pronto llegue alguien con su spray y nos cuente con letra de dos palmos que a él Felipe González se la machaca, que Volkswagen está en lucha, que José Antonio presente, que si los curas y frailes supieran, que a Blackshit la sociedad le importa un carajo, o que al imbécil de Manolo y su prójima estuvieron allí. Todas ésas son opiniones, pero no son cultura. Y que las pongan en mi conocimiento utilizando la fachada de la catedral de Burgos, un fresco románico, el Parque Güell o el pedestal de Felipe III, es algo que me repatea el hígado. En este tipo de cosas, soy absolutamente conservador. Incluso reaccionario: suelo reaccionar con profundo cabreo.

Lo que me deja atónito es la cantidad de gente que permite que ocurran esas cosas y no reacciona. Los respetables líderes del ejercicio intelectual, por ejemplo, que tan agudamente explican y justifican. Los jueces que consideran el asunto poco importante para sus togas. Los cagamandurrias que salen por la radio, o por donde sea, diciendo que sí, que claro, que hay muchos tipos de cultura. Y los cómplices pasivos: quienes vemos a Manolo manejar el rotulador o el spray, y no se lo quitamos de las manos con buenas razones o con una buena estiba de palos, por miedo a que nos llamen entrometidos, intransigentes o violentos. Éste es el país del miedo a que te llamen algo. Como si fuera lo mismo confundir la velocidad con el tocino.

No se trata de que le pidan a uno el carnet de identidad cuando va a comprar un bote de pintura, ni de que la Benemérita aplique la ley de fugas a los virtuosos de la rotulación callejera y clandestina. Pero sí que me encantaría, por ejemplo, tropezarme un día a Manolo con lejía y estropajo de alambre, dale que te pego a la fachada de el Escorial. Sentenciado a un mes de trabajos forzados en una imaginara -y deseable- brigada de limpieza por haber sido sorprendido, infraganti, en el acto de comunicar al mundo que acababa de honrar el lugar con su presencia.

lunes, 21 de abril de 2008

¿Por qué...


¿Por qué cuando se disfraza Mortadelo los malos nunca lo descubren, si la cara no le cambia?

¿Por qué, si todo el mundo sabe que a Popeye le dan una fuerza sobrehumana las espinacas, no las toma Brutus también?

¿Por qué la rana Gustavo, cuando hace de reportero dicharachero, se pone una gabardina, si todo el mundo sabe que a las ranas les encanta la humedad?

¿Por qué Pedro Picapiedra, cuando Wilma le cierra la puerta, no entra por la ventana, si no tienen cristales?

¿Por qué si Goofy, Mickey y Donald hablan, Pluto siendo también un animal, y de su misma pandilla, sólo ladra?

¿Por qué va tan repeinado Drácula, si no puede verse en los espejos?

Si los SUPER 24 HORAS están abiertos las 24 horas del día, los 365 días del año, entonces, ¿por qué las puertas tienen cerrojo?

¿Por qué los pilotos kamikazes pilotan con casco?

¿Por qué en los Estados Unidos hace falta el carnet de conducir para comprar alcohol, si esta prohibido beber y conducir?

martes, 25 de marzo de 2008

Pensamientos aleatorios (V)

Si los hombres son todos iguales, ¿por qué las mujeres eligen tanto?

Una de astronomía: ¿Por qué las lunas de otros planetas tienen nombre, pero la nuestra se llama luna?

Si los mocos son desagradables ¿por qué cuando nos sonamos la nariz abrimos el pañuelo y miramos lo que hemos echado?

Un error recurrente: ¿Por qué intentamos sacar el correo por la ranura del buzón si sabemos que lo único que conseguimos es pelarnos los nudillos?

Por cierto, a ver si alguien me consigue decir de qué sacaban de la mina los enanitos de Blancanieves, para que después de doce horas de trabajo salgan de la mina cantando y silbando...

¿Por qué el pan de molde es cuadrado, si el chóped, salami, mortadela o chorizo...son redondos?

Una duda razonable: ¿Qué hay que hacer si uno ve un animal en peligro de extinción comiendo una planta en peligro de extinción?

miércoles, 12 de marzo de 2008

¿Verdad, mentira, o todo lo contrario?

Hoy quiero comentar algo que me pasa últimamente con casi todo que veo en la tele o el cine, y que tenga que ver con los documentales. Porque, a ver, ¿qué es verdad y qué es mentira? ¿Cúantas de las cosas que se muestran en estos documentales no han sido amañadas, tergiversadas, o incluso inventadas?

Y no solo me refiero a las películas de Michael Moore, que puede que sea de los casos más llamativos, si no que esto se puede aplicar a todo tipo de cosas, desde programas como Top Gear, del que os he hablado alguna vez, y sus épicos duelos, a cualquier documental de animales que se puede ver en la 2 mientras están los anuncios de Fama (¿o no es verdad?).


Porque a ver, ¿a mí quien me asegura que a la gacela que se queda rezagada a la que la leona le echa el guante, no la han drogao o algo? ¿O que todo (o parte) de lo que cuenta el autodenominado “próximo presidente de los Estados Unidos”, Al Gore, en su documental “Una verdad incómoda”, no ha sido manipulado para dar una versión catastrofista, y por tanto, mucho más llamativa de algo que está ocurriendo en realidad? ¿O que Michael Moore utiliza las estadísticas (al igual que sus detractores) para arrimar el ascua a su sardina, desechando aquellas que no le interesan?


Pues así con todo... Por eso, amigos, me voy a unir al “club de los excépticos” (pero tampoco mucho, que no quiero terminar como Mulder), y como decía aquel, si no lo veo -con mis propios ojos-, no lo creo.


jueves, 14 de febrero de 2008

Pensamientos aleatorios (IV)

Una verdad como un templo:
Si los tontos volaran, no volveríamos a ver la luz del sol.

¿Por qué cuando llueve, la gente que lleva paraguas se mete debajo de los rellanos para no mojarse? Y lo que es peor, ¿por qué nos tenemos que salir los que no lo llevamos al cruzarnos con ellos?

¿Por qué en Windows, para apagar el ordenador hay que ir al botón de Inicio?

¿Qué les pasa a las mujeres, que no se pueden pintar las pestañas con la boca cerrada?

Un acto inútil: Esterilizar las agujas utilizadas para suministrar la inyección letal.

La pregunta del millón:
¿Por qué las magdalenas se ponen duras, y las galletas blandas?

¿Cuántas veces os ha pasado que, de ver tantas veces los mismos episodios de los Simpsons una y otra vez, salta en vuestra cabeza un resorte que os dice: “Es como cuando a Homer le pasó patatín y patatán...”, o “Esto es lo igual que en aquel episodio de los Simpson en el que pasó esto o aquello”?

La última: El incesto entre hermanos gemelos, ¿es un acto de amor propio?

jueves, 20 de diciembre de 2007

Los verdaderos ganadores de la lotería...

... somos al final todos. Aunque unos más que otros. Los que más, en este orden:

  • El tipo que tiene la administración de lotería en Sort, que vende millones de euros en lotería con la tontería del nombre del pueblo (y es que como no va a vender algún número premiado, si venderá de absolutamente todos los números que hay. Lo difícil es que no les toque). A ver si la suerte le acompaña igual el día que haga su viaje espacial...
  • Los que les toca algún dinero, aunque no se vayan a poder retirar con el premio, y lo gasten en el cava que se tiran para que te vean en la tele.
  • El Estado, que para algo se queda con la mitad de todo lo que se ingresa por lotería, ya que solo se reparte la otra mitad en premios. (y aquí es donde entra el "todos" en cuanto a ganadores...)

Y los que menos:
  • Los que se dejan cientos de euros en lotería, aparte de los viajes, porque creen que en un sitio donde ha habido una catástrofe natural (hay que ser cafre), o hay algún tipo de superstición, como lo de Sort, va a tocar la lotería.
  • El común de los mortales, que se ve obligado por el entorno (¿no vas a comprar lotería? Mira que se te va a quedar una cara de tonto si toca...) a comprar aunque no quiera.
  • El que tiene lotería que vender por cualquier razón, y endiña lotería a cambio de más lotería, y que al final no saca nada a cambio.
  • Los niños de San Ildefonso, que ven pasar los dineros, pero no catan ni un reintegro.
  • Los reporteros del telediario, que van a pasar frío y remojarse en cava ajeno para dar siempre la misma noticia.
Yo ya lo tengo decidido: más vale euro en mano, que cientos de décimos volando...

viernes, 14 de diciembre de 2007

Pensamientos aleatorios (III)

Haciendo un pequeño paréntesis en lo que he dado en llamar "viernes literarios", hoy os dejo con una nueva entrega de mis "Pensamientos aleatorios". ¡Que aproveche!

¿Por qué las mujeres, al meterse en la cama, siempre tienen los pies fríos?

¿Por qué a la gente le extraña no ver entierros de chinos, y en cambio no le extraña no ver nunca cerrar un bar por cese del negocio?

Si el pelo fuera realmente importante, ¿no debería estar por dentro de la cabeza?

Cuando una mujer le pregunta a un hombre sobre lo que piensa de algo, no quiere oir realmente lo que piensa, sino que quiere escuchar sus propios pensamientos con una voz más grave.

Todo el mundo se pregunta si hay vida después de la vida. Quizás deberían preguntarse: ¿Hay vida antes de la muerte?

[Modo bestia=ON]
Dios no es tan perfecto. Si lo fuera, hubiera hecho que el pene tuviera sabor a chocolate, las tías se volverían locas por comernos la polla, y no habría que rogar tanto para que lo hicieran.
[Modo bestia=OFF]

Una pregunta inocente:
¿Cual es el momento en que hay que echar a lavar el pijama?

Y hoy también... animalicos

Lo que ya no tengo tan claro es quien es más animal...

viernes, 7 de diciembre de 2007

Los bomberos

Continuando con la temática de los últimos viernes, os dejo a continuación con un cuento corto del escritor uruguayo Mario Benedetti, titulado "Los bomberos".

Olegario no sólo fue un as del presentimiento, si no que además siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego decía: "Mañana va a llover". Y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y anunciaba: "El martes saldrá el 57 a la cabeza". Y el martes salía el 57 a la cabeza. Entre sus amigos gozaba de una admiración sin límites.

Algunos de ellos recuerdan el más famoso de sus aciertos. Cminaban con él frente al aUniversidad cuando de pronto el aire matutino fue atravesado por el sonido y la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: "Es posible que mi casa se esté quemando".

Llamaron a un taxi y encargaron al chofer que siguiera de cerca a los bomberos. Éstos tomaron por Rivera, y Olegario dijo: "Es casi seguro que mi casa se esté quemando". Los amigos guardaron un respetuoso y afable silencio; tanto lo admiraban.

Los bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Olegario, el carro de bomberos se detuvo ylos hombres comenzaron rápida y serenamente los preparativos de rigor. De vez en c uando desde las ventanas de la planta alta, alguna astilla volaba por los aires.

Con toda parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodó el nudo de la corbata, y luego, con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los abrazos de sus buenos amigos.

martes, 27 de noviembre de 2007

Contradicciones internas: el apasionante mundo del automóvil y yo

Puede resultar extraño, pero no quiero un coche ni aunque me lo regalen. Y digo que puede resultar extraño, porque soy una persona a la que le encantan los coches: desde que tengo memoria, sigo la fórmula uno y casi todas las competiciones de motor, estoy al tanto de todas las novedades del mercado, uno de mis programas favoritos es Top Gear (del que ya he hablado en alguna ocasión), e incluso cuando era un crío, me aprendí todos los modelos del mercado, con sus correspondientes precios, casi de forma compulsiva.

Y sin embargo, no tengo coche -ni lo quiero-, ni tampoco es que me guste especialmente conducir. Y tiene una explicación muy sencilla: el coche es una máquina de quemar dinero, literalmente. Porque eso haces con la gasolina que le pones, pero también lo haces con lo que te gastas en seguros, impuestos y pijadas varias que le puedes poner (y no estoy hablando del truñing, que eso es tema aparte, y sobre lo que ya nos ilustró Coco con sus magníficas lecciones).

Así pues, creo que voy a seguir haciéndole caso a mi cabeza, en lugar de a mi testiculina, y seguiré moviéndome en transporte público, o si se da la oportunidad, en bici, que es más barato y más sano.


Abajo el coche!!! (por lo menos hasta que tenga uno ;-)

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Los escombros de Dios


Puede parecer muy rimbombante como título de un libro, pero apenas tiene 150 páginas.
Es más, si te pones, lo puedes leer en menos de 2 horas del tirón. Y sin embargo, este libro de Scott Adams (creador de la tira cómica Dilbert), consigue que le estés dando vueltas a la cabeza bastante más tiempo del que cuesta leerlo.

Su propósito, como indica el propio autor, es intentar hacer una especie de “experimento psicológico”, poniendo en duda, o intentando resolver, aquellas cuestiones que desde siempre han rondado en la cabeza de los hombres y mujeres que pueblan este trozo de roca al que llamamos Tierra, con algo similar a la tesis de la “navaja de Occan”: esto es, la explicación más sencilla es la más verosímil. Así es como intenta explicar el sentido de la vida, la existencia de dios, las relaciones personales; de todo, al fin y al cabo.

Y es que, ¿quién es más importante para que un paquete llegue a su destino: el mensajero, o el propio paquete?

Si alguien lo quiere leer, lo podéis descargar aquí
(en inglés).

viernes, 16 de noviembre de 2007

+ Pensamientos aleatorios

Unas cuantas paradojas:
“Antes de hablar, quiero decir unas palabras...”
“Sales después del último...” (pero si entonces ya no es el último, ¿cuando salgo?)
“¿Es la palabra "heterológico", que significa "que no describe a sí mismo", heterológica?”

Las dos reglas para tener éxito son:
1. Nunca decir todo lo que sabes.

Si Descartes hubiera vivido en estos tiempos, habría llegado a la siguiente conclusión (más o menos):
Tengo culo, luego tengo opinión. Tengo opinión, luego tengo blog. Tengo blog, ¿luego existo?

¿Por qué hay que cambiar las toallas? Si cuando sales de la ducha, eres la cosa más limpia de casa, ¿no se limpia la toalla contigo?

Una reflexión:
Si un problema tiene solución, ¿de qué te preocupas? Y si no la tiene, ¿de qué te preocupas?

jueves, 1 de noviembre de 2007

Pensamientos aleatorios


Si los respaldos de bolas son made in China, entonces, ¿son entonces respaldos de bolas chinas? Y entonces, ¿dan gustico, y por eso lo llevan los taxistas?

Las camisetas en las que aparece el nombre de una ciudad y un año, ¿se hacen al azar, o pasó algo ese año en esa ciudad? Y si es así, ¿por qué no ponen que pasó?


¿Por qué tienen esa obsesión las abuelas en general con el peso? Ya puedes presentarte vestido de gorila, que lo primero que te dirá es algo como “pues estás más delgado”, o “hay que ver lo que has engordado”.


Y siguiendo con la tercera edad, ¿por qué cuando se juntan dos abuelas en la consulta del médico, aunque no se conozcan, se retan a ver cuál está peor?

-Pues yo tengo un cólico viliar.

-Eso no es nada, yo también tengo uno, y del tamaño de un puño.

-Pues yo me rompí la pierna, y casi no puedo andar.

-Psé, yo tengo una cadera de titanio, porque me la rompí hace un par de años.

-PUES YO MÁS!!!!!!!


¿Por qué en el Ikea, donde venden montones de velas, no venden cerillas, ni nada con qué encenderlas?


Una verdad incómoda: Si cuando te acuestas te pica el culo, por la mañana te olerá mal la mano.