Lo mío con los coches viene de lejos. Quizás fuera que el coche fantástico me gustaba por que me gustaban los coches, o viceversa, que los coches me gustasen después de ver a KITT y el felpudo que gastaba Da Hoff en el papel de Michael Knight, no lo sé. Tal fue el impacto que la dichosa serie provocó en mí siendo un tierno lechón, que si por mí hubiera sido, mi hermano pequeño ahora mismo se llamaría Michael (y menos mal que no me dio por pedir que se llamase KITT).
Por eso, cuando ahora algo o alguien me lo recuerda, se perfila en mi cara una sonrisa que lleva detrás todos esos recuerdos. Aunque con este vídeo, más que una sonrisa, lo que no pude contener fueron unas cuantas carcajadas.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
KITT, te necesito.
viernes, 13 de junio de 2008
Repetir, repetir, repetir...
En mi brevísima experiencia como actor amateur pude comprobar que dirigir a gente que no ha actuado en su vida (entre los que yo mismo me incluía) puede ser hasta cierto punto complicado. Pero bueno, aquel corto solo fue un pequeño proyecto de instituto que bajo el título de “El retorno del Benny” (por aquello de que el protagonista se llamaba Benito, y volvía de entre los muertos para darnos pa'l pelo) ya se ha perdido en el olvido (afortunadamente). No puede decir lo mismo Javier Fesser, hermano del “gomaespumoso” Guillermo Fesser, quien reclutó a diversos actores -que bien podía ser la primera vez que se ponían delante de una cámara- a la hora de grabar algunos de sus peculiares spots.
Lo chungo es cuando, además de amateur, el actor en cuestión parece recién salido de la cuarta galería de la cárcel de Alcalá-Meco, lo que hace que grabar una sola frase se convierta en una verdadera odisea sin final:
PD: No es que me produzca especial orgullo, más bien al revés, pero el título de “El retorno del Benny” fue cosa mía... ;-)
martes, 13 de mayo de 2008
Maratonianoniano
En primer lugar, hay que estar un poco “tocao” para plantearse hacer una maratón. Una vez que cumples este primer requisito, y ya que nos ponemos, pues habrá que hacerlo en condiciones, que leches. Y ya si encima repites después de lo mal que se pasa, es que hay algo especial en todo esto.
Vayamos al lío: búscate por internet un entrenamiento más o menos razonable, y vamos a ser disciplinaditos, que si no, pa que perder el tiempo tontamente. Y después de tres o cuatro meses, por poner un plazo de preparación razonable, nos creemos que estamos listos para hacer los 42,195 km del tirón.
Y puedo decir que lo he hecho. Dos veces. He recorrido la misma distancia que un tal Filípides recorrió para avisar a Atenas de que se había ganado la guerra a los persas. Y ya sé lo mal que lo tuvo que pasar, el jodío. Por lo menos yo no me he quedado en el sitio nada más acabar. E incluso he mejorado mi marca de una vez a otra en más de 13 minutos. Y tengo unas agujetas que casi no puedo andar (otra vez).
Pero ahora me llego a creer el eslogan aquel de “Impossible is nothing”. Y es que alguien dijo que la maratón es algo increíble al alcance de alguien normal, y no puedo hacer si no darle la razón.
jueves, 3 de abril de 2008
42
42. Para muchos nos es más que un simple número. Para otros, tiene algo más de significado, ya que se trata de la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás (el que no sepa de que va esta referencia, que lea algo sobre La Guía del Autoestopista Galáctico). Para mí, son ¿7 años, quizá más? de viajes diarios de casa a la universidad/trabajo y vuelta. Y claro, esto da para que te hayan pasado unas cuantas cosas dignas de recordar.
Desde el día en que me cayó una bronca sin comerlo ni beberlo por no decirle buenos días al conductor (le había dado las gracias por abrir la puerta, cuando ya había cerrado, pero me la papeé igual), al momento “escaqueo”, cuando intentas pasar sin pagar por no llevar un duro suelto (menos mal que me tocó una conductora maja...), pasando por el conductor que no para de cascar cuando conduce (para cuando un cartel que ponga “No molestar al personal”, al lado del de “No molestar al conductor”), pero que cuando va con los compañeros, es el más callado de todos.
Pero si ha habido momentos memorables, serían estos tres. El primero, por desagradable, sería la vez que le dió a un chaval un ataque de epilepsia en mitad de un atasco monumental de viernes por la tarde. Menos mal que iba acompañado, y sabían que hacer, pero la palidez de las caras que se vieron aquel día es para recordar. El segundo sería la vez que casi se hostian un señor mayor y una mujer de mediana edad, por un quitame-allá-ese-asiento. ¡Cómo se puso el abuelo, por no poder sentarse al lado de su señora! El tercero, por espectacular, sería el del día que vi con mis propios ojos una exhibición involuntaria de gimnasia en mitad de una curva. Ingredientes: 1. Viernes por la mañana, tía joven que el día de antes ha estado de farra hasta las mil, y que coge el bus para volver a casa, pero se queda sopa. 2. Curva pronunciada + conductor optimista. Juntas ambos ingredientes, y tienes a la chica rodando literalmente, haciendo una voltereta perfecta por el pasillo del autobús. Mi puntuación: 6.0. Fue algo completamente increíble.
Porque, ¿qué es lo más raro que puede pasar yendo en un bus urbano? Si alguien se anima, que me cuente sus historietas...